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Ruta 3 · Paso 1

Hablar con alguien que solo tiene tus palabras

Cuando hablas con una persona compartís mucho más que la frase: el sitio, la historia, lo que los dos sabéis. Una IA no tiene nada de eso. Aquí verás qué cambia por ello y tres criterios para pedir bien, sea cual sea el modelo.

Revisado: octubre de 2026

En esta página · 5 apartados

Lo que damos por compartido

Si en la oficina alguien te dice «resúmeme esto», sabes qué es «esto», para quién es el resumen y cuánto debe ocupar. Lo sabes por la situación, no por la frase. La lingüística llama a esto pragmática: la parte del significado que no está en las palabras sino en el contexto. Ya la viste en el lenguaje que la máquina tiene que resolver.

Es como… un compañero nuevo

En la máquina: una IA

Ha leído muchísimo, pero no conoce tu empresa
Sabe mucho en general, nada de tu caso
No estuvo en la reunión de ayer
Solo sabe lo que hay en esta conversación
Si no entiende, a veces pregunta
Casi siempre rellena el hueco con lo más probable
Dónde falla la comparación: un compañero nuevo aprende tu contexto con los días; la IA lo vuelve a necesitar en cada conversación, salvo que una herramienta se lo dé.

Solo existe lo escrito

Para el modelo, la conversación entera es su única situación: lo que tú has escrito, lo que ha respondido y lo que el sistema añade por debajo. No ve tu pantalla, no recuerda otras charlas y no sabe qué pasa fuera, a menos que se le dé. Cómo se reparte y por qué se pierde lo antiguo en conversaciones largas está explicado en ingeniería de contexto.

La consecuencia práctica es sencilla. Cuando falta algo, la máquina no se queda en blanco: elige la lectura más habitual. Y lo habitual rara vez es tu caso.

Tres criterios para pedir

Un prompt funciona mejor cuando se escribe como un encargo a alguien capaz que no sabe nada de tu situación. No hacen falta fórmulas mágicas; hace falta lo mismo que en un buen encargo humano:

  1. Para quién y para qué. Quién va a leer el resultado y qué va a hacer con él. «Para el equipo de ventas, que decide mañana si sigue con el proveedor» cambia por completo qué es un buen resumen.
  2. El material, no la suposición. Si importa un dato, un documento o una decisión anterior, ponlo en la conversación. Lo que no está escrito no existe para ella.
  3. Cómo quieres la respuesta. Extensión, tono, formato y qué no quieres. Tres viñetas sin jerga se piden; no se adivinan.

Un mismo encargo, dos veces

Compáralo

Pedir un resumen de un contrato

Ejemplo construido

Antes

Resúmeme este contrato.

Resultado típico: un resumen general y correcto que no dice lo que necesitabas saber.

Después

Soy la responsable de compras y mañana decido si renovamos con este proveedor. Del contrato que pego abajo, dime en cinco viñetas sin jerga legal: duración, precio y subidas, cómo se cancela y qué penalizaciones hay. Si algo no aparece, dilo en vez de suponerlo.

La idea: La segunda versión no es más larga por cortesía: cada frase quita una suposición que la máquina habría hecho por su cuenta.

Fíjate en la última frase: pedirle que diga lo que no sabe es una de las formas más simples de reducir errores. Qué hacer cuando aun así se equivoca es el siguiente paso.

Para ir más lejos

Las técnicas concretas, qué recomiendan hoy Anthropic, OpenAI y Google y qué trucos ya no sirven, están en el Taller: escribir buenos prompts.