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Ruta 1 · Paso 2

Cómo lee una máquina

Lo que pasa entre que escribes una frase y la máquina te responde, en cinco ideas. Sin fórmulas: con un tokenizador de verdad y ejemplos interactivos.
En esta página · 5 apartados

Trozos, no palabras

Lo primero que hace un modelo de lenguaje con tu texto es cortarlo. No en palabras ni en morfemas, sino en tokens: trozos que aparecían con frecuencia en los textos con los que se construyó su vocabulario. Cada trozo tiene un número, y a partir de aquí la máquina solo trabaja con números. Así queda troceada una frase:

Interactivo

Así lee la máquina tu frase

Los16593·habl57929antes5193·también10409·des731fragment74424an270·palabras43619

5 palabras → 8 tokens. El punto (·) marca un espacio pegado al token; el número es su identificador en el vocabulario.

La idea: La máquina no lee palabras: lee trozos frecuentes. Las palabras comunes van enteras; las raras o largas se parten en piezas que no siempre coinciden con los morfemas.

Las palabras frecuentes van enteras («palabras», «también»); las raras se parten. El corte no sigue la gramática, sino la estadística, y por eso a veces coincide con lo que haría una lingüista y a veces no:

Míralo

Morfemas frente a tokens

deshumanización

personadeshumanización

máquinades4117human51527ización18856

reutilizable

personareutilizable

máquinare264util2056izable12243

wasapear

personawasapear

máquinawas9844ap403ear830

hablantes

personahablantes

máquinahab14747l75antes5193

La idea: El tokenizador no sabe qué es un morfema. Que «des» o «human» coincidan es un efecto de la frecuencia: aparecen en muchas palabras. Por eso un modelo puede manejar palabras que nunca ha visto, como «wasapear», con trozos conocidos.

Hay otra opción: separar por espacios y puntuación. Es intuitiva, pero obliga a un vocabulario cerrado, y cualquier palabra no vista («desdolarización», «wasapear», una errata) se convierte en un token desconocido sobre el que el modelo no sabe nada. Por eso se usan subpalabras (BPE, WordPiece): se parte de caracteres y se fusionan los pares más frecuentes hasta tener de 30 000 a 200 000 unidades. Ya no hay palabras desconocidas, pero los cortes son estadísticos, no morfológicos.

Cortar en trozos tiene un coste que se cobra por token: cuanto más se parte una lengua, más cara y más lenta es para la máquina. En este ejemplo, el tokenizador de GPT-4 divide la frase en español en más tokens que en inglés. El recuento depende del tokenizador y de la frase: por sí solo no permite concluir cuánto cuesta o qué calidad tendrá un modelo en cada lengua:

Míralo

La misma frase en tres lenguas

  • Español

    Las máquinas no entienden lo que dicen, pero lo dicen muy bien.

    antes20 tokens
    ahora15 tokens
  • Inglés

    Machines do not understand what they say, but they say it very well.

    antes16 tokens
    ahora15 tokens
  • Euskera

    Makinek ez dute ulertzen zer esaten duten, baina oso ondo esaten dute.

    antes27 tokens
    ahora20 tokens

La idea: En estas frases, el tokenizador divide el euskera en más trozos. La cobertura de una lengua puede influir en el coste y el rendimiento, pero este ejemplo por sí solo no mide la calidad de las respuestas.

¿Lo tienes?

¿Por qué un modelo puede escribir «wasapear» aunque nunca la haya visto?

De trozos a números con sentido

Un número de vocabulario no dice nada del significado: el 1 y el 2 no tienen por qué parecerse. Así que cada token se traduce a una lista larga de números, un embedding, calculada a partir de los contextos en los que aparece. Es la vieja idea de Firth hecha cálculo: conocerás una palabra por la compañía que mantiene.

Míralo

Un mapa de significados

Mapa simplificado a 2 dimensiones
dinerocuentapréstamoparqueasientoplazabanco

Con un solo vector por palabra, «banco» queda a medio camino entre el dinero y el parque. Pulsa una palabra para ver sus vecinas.

La idea: Un embedding no guarda definiciones: guarda en qué contextos aparece una palabra. Lo que se usa parecido queda cerca.

En los modelos reales esas listas tienen cientos o miles de números, no dos. El mapa es una simplificación, pero la idea se mantiene: lo que se usa parecido queda cerca. Ojo con la famosa cuenta «rey − hombre + mujer = reina»: funciona en algunos ejemplos escogidos y falla en muchos otros. Es una curiosidad, no una ley.

Calcular qué viene después

Con todos esos vectores, el modelo hace una sola cosa, muchas veces seguidas: estimar qué token encaja después de lo que ya hay. Es lo que hace el teclado de tu móvil cuando te sugiere la siguiente palabra, a una escala enorme.

Míralo

¿Qué palabra viene ahora?

Probabilidades ilustrativas

Nos vemos hasta ___

  • mañana52 %
  • luego24 %
  • pronto12 %
  • el lunes8 %
  • nunca4 %

Con temperatura baja casi siempre sale la favorita; con temperatura alta, las raras tienen más opciones. Pulsa varias veces: no elige siempre la más probable, sortea.

La idea: Un modelo de lenguaje no guarda la frase correcta: calcula cuánto encaja cada continuación y sortea entre ellas. La temperatura decide cuánto se arriesga.

Es como… el teclado del móvil

En la máquina: un modelo de lenguaje

Te sugiere tres palabras encima del teclado
Puntúa las cerca de 200 000 piezas de su vocabulario
Ha aprendido de lo que tú escribes
Ha aprendido de una parte enorme del texto escrito por personas
Tú eliges una sugerencia
Un sorteo elige, regulado por la temperatura
Dónde falla la comparación: el teclado mira dos o tres palabras hacia atrás; un modelo tiene en cuenta miles a la vez gracias a la atención.

Dos detalles importan. Con el mismo modelo, contexto y configuración, las puntuaciones de los candidatos son las mismas; la selección puede variar si se usa muestreo. La temperatura modifica cómo se distribuye esa selección, pero no convierte una respuesta más arriesgada en una más verdadera. Por eso la misma pregunta puede darte respuestas distintas, y por eso «lo más probable» no equivale a «lo verdadero».

De dónde sale lo que sabe

Todo lo anterior se aprende de un corpus: una colección enorme de textos. Para los modelos generales, buena parte de internet, libros y código. Para tareas concretas, textos etiquetados a mano por personas: esta reseña es positiva, este correo es spam, esta palabra es un nombre propio. Etiquetar parece sencillo hasta que aparecen los casos dudosos:

Interactivo

Etiquetar opiniones

  1. «La comida, buenísima; el servicio, para olvidar.»

  2. «Genial, cuarenta minutos para traer un café.»

  3. «Correcto, sin más.»

  4. «No está mal.»

  5. «Volveré, aunque no sé si por la comida o por la camarera.»

Cuando etiquetes todas, verás qué eligió otra persona.

Cómo se sabe si acierta

Para evaluar un sistema se le pasan ejemplos cuya respuesta ya conocemos y se cuentan sus aciertos. Pero «acertar» tiene dos caras: la precisión (de lo que marca, cuánto es correcto) y la exhaustividad (de lo que debía encontrar, cuánto encuentra). Mueve el umbral de este filtro de spam:

Míralo

¿Desde qué seguridad decimos «spam»?

Datos ilustrativos
  • 0.97«Has ganado un iPhone, pulsa aquí»spam ✓
  • 0.88«Última oportunidad: 70 % de descuento»spam ✓
  • 0.74«Tu paquete está retenido, paga 1,99 €»spam ✓
  • 0.62«Oferta para socios del gimnasio»spam ✗
  • 0.45«Hola, soy tu banco, confirma tu clave»no spam ✗
  • 0.41«Factura de octubre disponible»no spam ✓
  • 0.12«¿Te paso las fotos de la boda?»no spam ✓
  • 0.08«Reunión movida a las 10»no spam ✓
Precisión
75 %
De lo que marca como «spam», cuánto lo es.
Exhaustividad
75 %
De todo lo que es «spam», cuánto encuentra.

La idea: Ningún umbral acierta en todo. Subirlo deja pasar el engaño más educado; bajarlo manda a la papelera correos legítimos. Decidir qué error es peor no es una cuestión técnica: depende de a quién sirve el sistema.

El caso más revelador es el correo que se hace pasar por un banco: no usa ninguna de las palabras típicas del spam, y por eso el sistema le da poca puntuación. Los errores más peligrosos suelen ser así, silenciosos. Encontrarlos exige leer los fallos uno a uno, y leer bien es un oficio que las humanidades conocen.

Hay tres cautelas antes de fiarse de una cifra. Primera: se evalúa con datos que el modelo no ha visto al entrenar; si el test se parece demasiado al entrenamiento (mismos autores, mismas fechas), la cifra será optimista. Segunda: en generación no hay una única respuesta correcta, y métricas como BLEU, chrF, COMET (traducción), ROUGE (resumen) o la perplejidad comparan con una referencia o miden lo «sorprendido» que está el modelo: una buena traducción puede no parecerse a la referencia y puntuar mal, y ninguna detecta por sí sola un contrasentido. Tercera: la evaluación humana necesita una guía clara y medir el acuerdo entre evaluadores; sin eso es solo una opinión. Ante cualquier cifra conviene preguntarse qué no mide. Diseñar el conjunto de prueba (qué variedades, registros y casos difíciles incluye) es una tarea en la que la formación lingüística marca la diferencia.

¿Quieres hacer esto con código? En Herramientas tienes por dónde empezar con Python y sus librerías de lenguaje.