Dos preguntas antes de delegar
¿Cuánto cuesta un error? ¿Puedo comprobar el resultado? Con esas dos preguntas casi cualquier tarea cae en uno de cuatro casos:
Míralo
Coste del error y facilidad de comprobarlo
Error barato, fácil de comprobar
Borradores, ideas, reformular un texto tuyo, resumir algo que has leído.
Delega sin miedo: tú juzgas el resultado.
Error barato, difícil de comprobar
Curiosidades, recomendaciones sin importancia.
Úsala, pero no lo repitas como dato.
Error caro, fácil de comprobar
Un correo a un cliente, una traducción que vas a revisar, código con pruebas.
Delega el primer paso; la revisión es tuya.
Error caro, difícil de comprobar
Cifras que vas a publicar, citas, cuestiones legales, médicas o económicas.
No te fíes sin una fuente que hayas abierto tú.
La idea: La IA no cambia de casilla según lo bien que escriba: lo que cambia es lo que te juegas tú.
Quien firma, responde
Una IA no puede responder de nada: no firma, no se equivoca ante nadie, no tiene reputación que perder. Si publicas, envías o entregas algo que ha escrito ella, el texto pasa a ser tuyo con sus errores. Por eso «lo dijo la IA» no sirve como excusa, ni en un trabajo de clase ni en un informe. Cómo notar y reparar un error en la conversación está en cuando falla.
Lo que conviene no delegar
- Decisiones sobre personas. Contratar, evaluar, diagnosticar o sancionar a alguien. Puede ayudar a preparar, no a decidir.
- Datos que no son tuyos. Lo que te han confiado otros no se pega en una herramienta sin saber adónde va.
- Lo que quieres aprender. Si el objetivo es saber hacerlo, que lo haga la máquina te deja sin el aprendizaje.
- Tu voz. Lo que firmas con tu nombre debería sonar a ti; usarla para pulir no es lo mismo que dejarle hablar por ti.